El producto de la escritura

El proceso lingüístico de organización del texto

Ud. llega a este apartado luego de un camino recorrido, por lo tanto, su mochila no está vacía. Probablemente, su memoria de largo plazo almacene más información de la que Ud. imagina. Vamos a tironear el hilo del recuerdo para que empiecen a asomar sus conocimientos y experiencias, sus saberes sobre la lengua y sus recursos, los referidos al mundo de los textos, los que ha logrado construir en esta asignatura y los que trae como saberes previos sobre gramática.

La escritura nos propone integrar saberes; implica los procedimientos de búsqueda de información y organización del texto -que acabamos de presentar- y también el conocimiento del lenguaje, es decir, manejo del vocabulario, ortografía, sintaxis, puntuación, entre otras. Escribir supone la estructuración global y local del texto en el plano de la forma y del contenido, de lo contrario, el producto final sólo sería un conglomerado de ideas inconexas y de oraciones sueltas.

Como sabemos, un texto, para serlo, tiene que conformar un continuo discursivo en el cual todas las ideas estén relacionadas entre sí; debe mantener, entre otras, condiciones de adecuación, coherencia y cohesión. La coherencia y la cohesión contribuyen a la construcción de un todo, de una unidad, y la adecuación supone un ajuste a reglas gramaticales por un lado y a reglas de la interacción (cooperación, cortesía, etc.) en un contexto dado, por el otro. Según los nuevos enfoques, es el texto la unidad de comunicación y no la oración, mucho menos la palabra. Sin embargo, todas ellas son unidades lingüísticas que utilizamos para redactar. ¿Empezamos?

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