El proceso de producción escrita: estrategias de planificación, textualización y revisión

La comunicación escrita requiere un proceso que incluye subprocesos: analizar la situación de comunicación, generar ideas, hacer planes, redactar, revisar y reformular enunciados. Así lo representa el esquema que presentamos a continuación. En Casanny (1994) Ud. encontrará las explicaciones completas.

ecp_u4_graf01

Modelo del proceso de escritura tomado de Cassany (1994:264)

 

Nos detendremos ahora en cada uno de los pasos representados en el modelo.

Analizar la situación de comunicación implica tener en cuenta a los destinatarios (quién leerá); aclarar nuestra intencionalidad (qué efecto queremos producir); valorar el marco institucional y/o el contexto social; decidir el contenido (el referente, aquello de lo que vamos a hablar); tomar decisiones respecto del código y sus variaciones (lenguaje, niveles), etc. De esta etapa depende en buena medida que nuestra comunicación escrita resulte luego eficaz, esto es, que cumpla los objetivos que nos propusimos. Analizar la situación, equivale a explorar la circunstancia concreta en la que nos vemos involucrados y que nos demanda alguna tarea de escritura.

Cuando nos dedicamos a hacer planes, hacemos una representación mental más o menos completa y esquemática de lo que queremos/debemos escribir y de cómo tenemos que proceder. Esta etapa incluye tres subprocesos: generar, organizar y formular objetivos.

Para generar recurrimos a la memoria y a la información previa (propia o relevada, investigada, etc.). Las ideas generadas pueden volcarse en esquemas, listados de palabras clave, lluvia de ideas, etc. Es importante que se las registre por escrito. Haga clic aquí para observar la etapa de la planificación de la escritura de forma gráfica.

Para organizar, clasificamos y ordenamos la información. Conviene elaborar una representación gráfica: un mapa, esquema de contenidos, esquema de llaves, etc. A partir de este momento ponemos en práctica nuestra competencia discursiva y textual ya que comenzamos a imaginar la forma, la silueta, el esqueleto de nuestro futuro texto y eso se realiza en función de la elección de una tipología. ¿Cómo se pueden organizar los contenidos de un texto? Puede encontrar algunas ideas haciendo clic aquí.

Por último, al formular objetivos establecemos los propósitos de nuestro escrito, imaginamos un texto con ajuste a los formatos conocidos y a la exigencia concreta de la situación de comunicación de que se trate. Esa anticipación del futuro texto planteará objetivos de contenido (información que contendrá) y de formas (estructura expositiva, ordenamiento, sintaxis, estilo). Sabemos que los textos son actos de habla y, por lo tanto, acarrean efectos. Recordemos el poder del discurso para incidir en los acontecimientos y, a su vez, nuestros textos muestran la imagen propia y la que concebimos acerca del otro. Entonces, formular objetivos pasa por responder, por ejemplo (Cassany, 1998: 55); a:

 

TGU_AV_2015-bulletBarra ¿Qué quiero conseguir con este texto?

TGU_AV_2015-bulletBarra ¿Cómo quiero que reaccionen los lectores y las lectoras? ¿Qué quiero que hagan con mi texto?

TGU_AV_2015-bulletBarra ¿Qué imagen mía quiero proyectar? ¿Qué impacto (o efecto) quiero provocar?

 

La etapa de planificación debería culminar con la elaboración de alguna clase de esquema que permita la transición hacia el siguiente paso: la puesta en texto. Pasar del esquema de contenido a la organización del texto requiere: planificar la progresión temática, prever el orden de presentación de la información y el tipo y cantidad estimada de párrafos. Retomando lo trabajado en la Unidad Nº 2, diremos que aquí corresponde sentar las bases de la estructura global (macro y superestructura). Luego vendrá la tarea de pensar en el nivel local, la microestructura, el nivel oracional, la secuencia de proposiciones y su articulación interna, la elección y combinación de palabras, etc. En otros términos: el trabajo sintáctico y lexical.

Llegado el momento de redactar, nos encargaremos de transformar el proyecto de texto, que hasta ahora era una representación esquemática de ideas, en un discurso verbal lineal e inteligible. Si el texto será muy extenso conviene decidir apartados y/o párrafos y redactarlos primero por separado. Puede consultar los subprocesos de esta etapa haciendo clic  aquí.

De este modo, el texto escrito que elaboremos se ajustará a tres tipos de demandas, ya que deberá respetar:

 

  1. a. las reglas del sistema de la lengua,
  2. b. las propiedades del texto,
  3. c. las convenciones socioculturales establecidas.

 

Si procedemos a revisar, nos disponemos a una acción de supervisión o control que es permanente aunque, claro está, se intensifica cuando nuestros borradores no nos parecen satisfactorios y buscamos definir una versión final. Daniel Cassany ha pensado en un modo de revisión basado en preguntas, al que puede acceder aquí.

Se espera que en la etapa de revisión leamos globalmente el texto y lo comparemos con el plan previo. Luego, leeremos selectivamente algunas partes y atenderemos a aspectos diferentes: los contenidos y su organización (estructura), la sintaxis y el estilo (léxico, tono, etc.). Luego de la revisión, la mayoría de las veces, debemos rehacer.

Ahora, le sugerimos que acuda al Manual de lenguaje claro elaborado por la Secretaría de la Función Pública de México. Aborde los puntos 2 y 3 en los que se explica el proceso de escritura y los subprocesos involucrados. Nos interesa que se detenga, por el momento, en el apartado dedicado a la pre escritura. Comience con el título 2 Pensar en el lector (pág.11) y continúe con el punto 3 ¿Cómo empiezo? (pág.17). Le pedimos que se centre en el título Planear. Retenga los aspectos que requieren ser valorados antes de escribir, la identificación de situaciones referidas al contexto que le permitirán orientarse y comunicarse adecuadamente. O sea, lo ayudarán a tomar decisiones.

Los autores detallan y ejemplifican las acciones que requiere planear un documento. Así Ud. verá que es necesario:

 

  1. a. Definir el propósito del documento.
  2. b. Identificar al lector.
  3. c. Generar las ideas a tratar.
  4. d. Ordenar estas ideas.

 

WP_icono-anterior WP_icono-siguiente

 

Print Friendly, PDF & Email
 

Bibliografía obligatoria

 

AAVV. Manual de lenguaje claro. Secretaría de la Función Pública. México: 2007. Disponible aquí

CASSANY, DANIEL. Expresión escrita. En su: Enseñar lengua. Barcelona: Graó, 1994. pp. 257-271.

 

 

Print Friendly, PDF & Email