¿Qué es escribir?

Concepciones de escritura

Pasaremos revista aquí a algunos preconceptos muy difundidos acerca de qué es escribir y trataremos de aclarar ciertos mitos que condicionan negativamente nuestra representación de la tarea y nos inhiben a la hora de enfrentar una página o una pantalla en blanco. ¿Comenzamos?

Del mismo modo que leer, escribir es una actividad compleja. Constituye una práctica cultural que no se ha mantenido siempre tal como hoy la conocemos y que se ha visto condicionada por la tecnología, en sus aspectos materiales, y por las relaciones de poder. ¿Por qué cree Ud. que actualmente en contextos académicos y laborales se afirma que la gente “no sabe escribir”? ¿Dónde se encontrará la dificultad? ¿Hoy será más difícil escribir que en el pasado? ¿Qué demandas del contexto influirán en la escritura? ¿Cómo se relacionarán la simplificación del lenguaje, la escritura y la profundización de la democracia? Lo invitamos a buscar algunas respuestas en las palabras de Daniel Cassany, en el marco de una entrevista de la Universidad de Antioquia.

 

 

De hecho, cada contexto histórico fue transformando lo que hoy conocemos como escritura. Durante mucho tiempo se concibió a la escritura como encodificación: transcripción del lenguaje oral, actividad sólo motriz limitada a convertir fonemas en grafemas como si fuera una simple traducción. Esta concepción coincide con aquella que considera a la lectura como simple codificación y no como instancia activa en la que se construye sentido, la cual cuestionamos en la unidad anterior.

Ahora bien, en la primera unidad hemos dicho que tanto en la oralidad como en la escritura elaboramos textos, pero… ¿Podemos acaso escribir como hablamos?

George Louis Leclerc, escritor francés y conde de Buffón, dijo: “Quien escribe como habla, por bien que hable, escribirá muy mal”. Tal vez Ud. coincida con esa opinión y hasta tenga anécdotas que la confirmen. Compartamos al respecto el comentario de una especialista. “(…) la mayoría de las deficiencias detectadas en escritores adultos tiene que ver con la imposibilidad de expresar (…) sus pensamientos. En general, se observa la tendencia de escribir como se habla, sin realizar ninguno de los pasos necesarios para adecuar el contenido a las exigencias de la escritura” (Supisiche, 2001). Saber hablar no implica saber escribir ya que las reglas, principios y mecanismos legítimos en el habla dejan de ser tales en el código escrito.

En oposición a la escritura como encodificación, sostenemos el concepto de escritura como comunicación y la noción de escritura como tarea o actividad intelectual en la que participan el pensamiento lógico, los conocimientos previos y los lingüísticos, almacenados en la memoria de largo plazo del emisor. Entonces, escribir no es una actividad motriz solamente sino una actividad intelectual en la que escasamente inciden la inspiración o el espontaneísmo (Marín, 2004: 276-277).

Para muchas personas, escribir depende en forma exclusiva de los conocimientos de gramática. Esta idea proviene, entre otras razones, de una tradición en la enseñanza escolar de la lengua que centraba su eje en el análisis sintáctico y la gramática oracional, proponiendo prácticas descontextualizadas, sin relación con circunstancias reales o necesidades concretas de comunicación de los alumnos. Escribir consistía la mayoría de las veces en cumplir una tarea que el maestro evaluaría, en situaciones artificiales, alejadas de la vida de los sujetos, por lo tanto, poco significativas. En esos contextos, resultaba difícil apropiarse de la palabra para escribir y se solemnizaba la escena. Así, también era difícil reconocer en la escritura una herramienta útil para el desarrollo personal.

De la mano de esa concepción también imperó una noción de alfabetización según la cual se aprende a leer y a escribir en la escuela, por única vez. Hoy sabemos que la alfabetización es permanente y que las habilidades lingüísticas se siguen aprendiendo de por vida en la medida en que aparecen situaciones comunicativas nuevas que demandan nuevos modos de hablar, leer, escribir y oír. Así, los adultos, podemos y debemos seguir aprendiendo a escribir, como lo hace Ud. ahora en una carrera universitaria, o bien podría hacerlo en instancias menos formales de capacitación o de manera auto-gestionada.

Otras veces pensamos que escribir se acerca a la actividad artística, ya que para hacerlo debemos tomar como modelo la literatura y la prosa de escritores consagrados. De ahí que quienes tienen dificultades con la escritura se descorazonen creyendo que se trata de poseer o no talento, en lugar de tratarse de una habilidad por aprender y ejercitar. Gabriel García Márquez utiliza la metáfora de la carpintería para referirse al trabajo estratégico de la escritura, observe:

 

 

Por último, en algunas ocasiones, quienes escriben suelen temer a la exposición porque consideran que la elaboración de un texto implica cierto grado de lucimiento personal. En esos casos se pone demasiado énfasis en el rol del autor y su habilidad expresiva en desmedro del lector, su perfil, sus competencias, sus necesidades; en desmedro de la eficacia comunicativa apartándose de los objetivos del mensaje, del propósito.

Escribir es una habilidad que requiere, al mismo tiempo, elaborar los contenidos y organizar su presentación, o sea articular el qué con el cómo. Como vemos, es una actividad compleja que integra subprocesos. Al igual que la lectura, la escritura es muy importante para la inserción social, la vida laboral de los sujetos y favorece el desarrollo de la autonomía y el pensamiento crítico. Desde el punto de vista cognitivo, escribir involucra un proceso intelectual que, de algún modo, tiende a resolver un problema. ¿Por qué? Porque cada experiencia de escritura configura un desafío y nos lleva a plantearnos una meta; supone: evaluación de la situación, de los recursos disponibles –no sólo los idiomáticos–, identificación de destinatarios, definición de objetivos y propósitos, elección del tipo de discurso etc. En síntesis: identificación de un problema y desarrollo de estrategias para su solución.

Ese proceso intelectual contribuye a activar y reorganizar los conocimientos previos, exige poner en marcha operaciones cognitivas y colabora sustantivamente en el aprendizaje de nuevos conceptos.

Es decir, escribir es un proceso de elaboración de ideas, además de una tarea lingüística de redacción. Se trabaja con pensamientos y con palabras. Escribiendo se aprende y podemos usar la escritura para comprender mejor cualquier tema. De ahí, que los nuevos enfoques que adhieren a los principios de la alfabetización académica, promuevan la tarea de escritura en todas las etapas y momentos de estudio en las diversas disciplinas.

Por otro lado, escribir forma parte de rutinas laborales en organizaciones públicas y privadas. De ahí que cada vez más se contemple el tema en la agenda de programas de capacitación laboral. En estos ámbitos ya no se discute el valor instrumental y funcional de la escritura; lo que aún tarda en generalizarse, es la idea de que la escritura –al igual que la lectura– incide en la construcción de la identidad laboral y la profesionalización de los trabajadores.

El concepto de escritura involucra dos significados diferentes: por un lado, se utiliza para referirse a la composición de las ideas, pero por otro lado, se refiere a la trascripción/expresión verbal de las mismas. El pensar y elaborar ideas, y el comunicarlas por escrito con adecuación gramatical y adecuación al contexto, forma parte de las competencias que necesitamos desarrollar para desempeñarnos satisfactoriamente en el trabajo y en el estudio.

Debemos discriminar en este aspecto dos tipos de competencias; una, relativa a la escritura como proceso estratégico y otra, relativa al texto como producto. En el primer caso, hablamos de la capacidad para aplicar y autorregular conscientemente las operaciones motrices y cognitivas vinculadas a la planificación, redacción y revisión del texto; en el segundo caso, hablamos de la capacidad para producir distintos tipos de textos adecuados a una situación comunicativa concreta.

Escribir no es igual que redactar, aunque la mayoría de las veces utilicemos los términos como sinónimos. La redacción, como veremos enseguida, es solo una fase del proceso de la producción textual. Parte del proceso pasa por la evaluación del contexto, incluido el lector y por la planificación estratégica del escrito en función de intenciones y propósitos que Ud. se plantee.

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Bibliografía obligatoria

 

AAVV. Manual de lenguaje claro. Secretaría de la Función Pública. México: 2007. Disponible aquí

CASSANY, DANIEL. Expresión escrita. En su: Enseñar lengua. Barcelona: Graó, 1994. pp. 257-271.

CASANNY, DANIEL. La arquitectura de la frase. En su: La cocina de la escritura. Barcelona: Lumen, 1998. pp. 94 -120.

SICCARDI, EUGENIO. Cómo escribir un mail.  Disponible aquí

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Bibliografía sugerida

 

LABORDA GIL, XAVIER. Estilo y cortesía en el correo electrónico. Tonos Digital [en línea], número 6, diciembre de 2003, nº 6. Disponible aquí

 

 

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Referencia bibliográfica

 

MARÍN, MARTA. Teoría de la lectura como proceso. En su: Lingüística y enseñanza de la lengua. Buenos Aires: Aique, 2004.

SUPISICHE, PATRICIA [et. Alt.]. Redacción comercial. Universidad Blas Pascal. Córdoba: Mimeo, 2001.

 

 

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