Lectura analítica e interpretación

Textos administrativos

En este apartado, trabajaremos alrededor de algunos recursos y actividades que lo ayudarán a integrar los contenidos abordados a textos situados en contextos específicos. Primero, nos ocuparemos de los textos que leemos en el rol de empleados de la universidad,  luego, de los que Ud. lee como estudiante universitario. Por ello, en primera instancia, retomaremos el material a Castellón Alcalá (2000) para la caracterización de los textos administrativos.

Conocer estructuras esquemáticas, dijimos, contribuye a leer más rápido y a interpretar y resolver situaciones laborales de rutina; nos permite leer por bloques, anticipar el contenido e incluso su orden o disposición. Por ejemplo, en los certificados, generalmente los datos de lugar y fecha, van al final, en cambio, se consignan al comienzo los datos institucionales de quien emite y firma. También los informes, en tanto textos expositivos, deben incluir una introducción y conclusiones, además del resto de secciones centrales correspondientes al desarrollo del tema. También, toda nota, aunque sea muy breve, contempla un párrafo de apertura y un cierre con saludos y fórmulas de cortesía.

Quienes trabajamos en la administración pública nos acostumbramos a leer formatos y a leer rápidamente aplicando lo que sabemos sobre protocolos, fórmulas, y tipos estandarizados de documentos, base de conocimiento que nos permite inferir, leer dando saltos o en zigzag, incluso, no realizar una lectura integral de los textos. Recorremos la superficie del texto buscando los lugares estratégicos, aquéllos donde esperamos localizar información relevante. Así, vamos construyendo el sentido a partir de lo que vamos tomando del texto y de lo que ya sabemos. La velocidad de lectura tendrá que ver con el propósito: en situaciones laborales, leemos para resolver tareas, por lo que nuestra lectura es instrumental. En esos contextos priorizamos la velocidad, pero ¿qué sucede con la comprensión?

Para garantizar rapidez y comprensión, conviene prestar atención a la estructura, al orden en que se ha dispuesto la información y no solamente a la sucesión de las frases. De hecho, los lectores menos eficaces procesan la información frase a frase de forma separada y sin establecer relaciones estructurales; emplean una estrategia de listado que solo les asegura recordar datos sueltos del contenido del texto. Procesado de ese modo, el texto difícilmente se integre a los esquemas de conocimiento previos y, por lo tanto, el lector no llega a representarse mentalmente el sentido global.

Teniendo en cuenta la estructura, como analizamos en la Unidad 2, no leemos igual los textos según sean normativos o no normativos y dentro de estos grupos, según sean de alcance general o particular (restrictivo o permisivo, etc.) Esa clasificación por tipos es ya para nosotros un conocimiento a priori, sabemos qué buscar y qué encontrar en esos textos porque reconocemos su función general: acreditar, hacer saber, disponer, ordenar, aconsejar, etc. La función comunicativa determina su significado en términos de acto de habla, esto es, lo que ese discurso hace o hace hacer. Algo nos dicen, también a priori, acerca del emisor; por ejemplo, solo funcionarios o cuerpos colegiados emiten textos normativos en la universidad. De ahí que se denominen también textos de poder, ya que expresan la palabra de las autoridades.

Ahora, ¿es posible pensar que frente a textos administrativos, tan similares unos a otros, tengamos dificultades de comprensión? Si la respuesta es afirmativa tal vez tengamos que revisar en qué nivel de esos textos se asienta la dificultad. Si nos referimos a textos de orden legal (normativo, decisorio), probablemente la dificultad provenga de las complejidades terminológicas y retóricas; o en el nivel sintáctico, concretamente en el tipo de oraciones, en el orden elegido para organizar las frases, en la mayor cantidad de oraciones subordinadas. El estilo impersonal, por su parte, muchas veces dificulta la rápida identificación de los sujetos de las acciones que se refieren y la identificación de las voces incluidas, o sea, los discursos citados, mencionados y también transcriptos.

Analicemos algunas situaciones. Si hablamos de textos técnicos, como informes estadísticos, informáticos, o presupuestarios, probablemente la dificultad de comprensión provendrá de nuestros escasos o hasta inexistentes conocimientos previos en la materia. Quizás representen un obstáculo los términos técnicos o tecnolectos y también la incorporación de información no verbal a través de tablas, cuadros, gráficos, imágenes e incluso de otros lenguajes como el de las matemáticas. Allí tendremos que realizar lecturas atentas e integrales, aunque, claro está, todo dependerá del para qué los leamos.

En este proceso, es importante explorar el paratexto, ya que aporta información sobre el contexto de producción de los mensajes y el marco institucional general dentro del cual el emisor asume su rol. Por ejemplo, no es lo mismo un documento emitido por el Ministerio de Educación de la Nación, el Gobierno de la Provincia, una asociación gremial de docentes universitarios o la asociación gremial del personal no docente, etc. Para el caso de emisores institucionales al interior de la misma universidad, no será igual un documento emitido por la Secretaría de Ciencia y Técnica, que por el Consejo Superior, un texto firmado por un funcionario de una facultad que otro firmado por el Sr. Rector, etc.

Es importante que identifique cuáles son los niveles del texto que mayores dificultades le presentan, ese conocimiento contribuirá al mejoramiento de su desempeño estratégico como lector.

A lo largo de la unidad, hemos insistido en la incidencia de los conocimientos previos en la comprensión lectora, pero ¿cómo aplicarlos? Para el caso de situaciones de lectura en contextos laborales, correremos con ventajas si disponemos de información acerca de los antecedentes del trámite concreto que nos toque resolver.

Analicemos algunas posibilidades. Frente a un expediente, un reclamo, un anuncio o un informe o cualquiera sea la índole del texto con el que debamos interactuar, resultará una gran ayuda lo que conozcamos sobre: situaciones similares, la historia, los pasos previos, los trámites conexos.

En el caso del tipo de lecturas que realizamos al analizar documentos en un expediente, como etapa previa a la elaboración de proveídos (pases), notas e informes breves, nuestras chances de interpretar correctamente el sentido de los textos aumentan, claro está, si conocemos los encuadres legales, es decir, la intertextualidad normativa que se pone en juego en un texto en particular, dentro de un tipo o categoría o área de trámites: impugnaciones de concursos, rectificaciones de actas de exámenes, auditorías, formularios de encuestas por carrera docente, procesos eleccionarios, licitaciones y presupuestos, compras, sueldos, etc.

En la mayoría de las situaciones laborales, la lectura está al servicio de la resolución de alguna tarea, de ahí su carácter instrumental y, por lo general, es seguida por algún tipo de actuación, muchas veces, también verbal, oral o escrita.

En otras palabras: leemos para luego hablar o escribir; o al revés, producimos textos orales o escritos a partir de, o sobre la base de, lecturas previas. ¿Qué queremos destacar con esto? Pues que las habilidades lingüísticas requeridas para la comunicación en el contexto laboral se complementan: hablamos y escuchamos, leemos y escribimos. Al respecto, ¿recuerda al menos dos tareas propias de su desempeño laboral que Ud. resuelva combinando la lectura con la escritura, en el mismo momento o en momentos sucesivos? Tome nota de sus ideas, pueden serle de utilidad a la hora de estudiar, de leer textos académicos.

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Referencias bibliográficas

 

CASTELLÓN ALCALÁ, HERACLIA. Los textos administrativos. Madrid: Arco Libros, 2000.

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